Una de cada tres españolas ha sido víctima de violencia por parte de su pareja o expareja: física, psicológica o digital. Aunque la ley protege a las mujeres, el sistema de apoyo está saturado. Sin embargo, también hay historias con final esperanzador.
Acordamos entrevistarnos el lunes en Sevilla. Antes de las seis de la mañana llega un mensaje: «Lo siento, pero estoy en la maternidad con una mujer de Guinea-Bisáu. Creo que tendré que aplazar nuestra entrevista», escribe Ana Bella, directora de una fundación que ayuda a mujeres.
Días después retomamos la conversación. Está cansada, pero feliz. La mujer a la que acompañaba ha dado a luz a una niña sana. Hasta el último momento, Ana luchó para que le concedieran el permiso de residencia en España y una plaza en un centro de acogida para mujeres.